martes, 18 de noviembre de 2014

Feliz Día del Militante

Feliz Día del Militante!

El recuerdo de quienes lucharon por el retorno de nuestro líder a la Patria, los que arriesgaron su vida, su libertad, soñaron, pelearon y trabajaron porque el General Perón pueda volver a reunirse con su pueblo, rompiendo aquel maldito designio creado por la oligarquía que sufrieron San Martín y Rosas de no poder volver a la Patria, Perón volvio, el pueblo: su único heredero lo trajo de vuelta, la Patria Peronista lo esperaba para volver a sonreír como en aquellos días felices de Evita y Perón.

Hoy, la Patria nos exige nuevamente atención y trabajo, nuestro camino: no sólo recordar aquel regreso del General, sino regresar a su Doctrina: mancillada, olvidada, escondida. Rescatar la Doctrina Peronista será el retorno definitivo y eterno de Perón y su obra al pueblo.


Chau Perro

Sabía q esto pasaría, pero está bueno (alguna vez) disfrutar d tener la razón:

Página/12 borró las notas de Verbitsky en las que criticaba a Bergoglio





El diario Página/12 eliminó del archivo digital que tiene en su sitio web ocho notas de Horacio Verbitsky en las que cuestionaba al Papa Francisco cuando todavía era Jorge Bergoglio, el cardenal y arzobispo de Buenos Aires, según anticipó el sitio Periodismo.com.


Los textos salieron publicados en febrero de 2005 y en abril y noviembre de 2010. Los dos primeros textos eliminados fueron publicados el 27 de febrero de 2005. Allí, Verbitsky hace un repaso sobre su libro El Silencio. De Paulo VI a Bergoglio. En aquel texto se denuncia la relación de la Iglesia con la dictadura y también la relación de Bergoglio con el secuestro de dos sacerdotes.

Los siguientes cinco textos borrados, aparecieron el domingo 11 de abril. Allí, el periodista realiza un repaso por las denuncia que él mismo realizó en 1999 hacia Jorge Bergoglio, a través de las cuales lo consideró cómplice de la última dictadura militar.

En la nota central, Verbitsky afirma que el actual papa estuvo relacionado con la entrega de los sacerdotes Orlando Yorio y Francisco Jalics, integrantes de su misma congregación. Afirma Verbitsky: “Ambos estuvieron secuestrados cinco meses a partir de mayo de 1976” . También agrega que en ese mismo operativo se llevaron a cuatro catequistas y dos de sus esposos que nunca aparecieron.

Tanto en las notas publicadas en 1999, como en las de 2010 y en los libros El Silencio y Doble juego, el presidente del CELS contó la historia completa e incluyó los documentos que incriminan al Papa.

La nota central en la que se vuelve a denunciar ese caso, fue borrada. También fueron eliminadas las dos columnas con las que Verbitsky complementó el texto central.

En esa misma edición del diario, se publicaron otros dos textos (“Mentiras y calumnias” y “Una persona ávida de poder”) en los que se habla sobre el libro de Jalics que relata su situación durante la dictadura, una carta de Yorio a la Compañía de Jesús, una entrevista de Jalics con Emilio Mignone y testimonios que cuentan cómo fueron los procedimientos de Bergoglio antes y después del secuestro de los dos jesuitas. Nada de todo eso se puede leer.

La sexta nota que fue eliminada, salió publicada el 9 de noviembre de 2010 en la contratapa del diario. El día anterior, Emilio Massera había fallecido y Bergoglio había prestado testimonio, por primera vez, ante un tribunal sobre la causa de los sacerdotes secuestrados que Verbitsky había denunciado.

En la contratapa, el periodista afirma: “Por una ironía de la historia, ayer se murió el ex almirante Emilio Massera y debutó ante un tribunal el cardenal Jorge Bergoglio. Así volvieron a cruzarse la rama naval de la dictadura y la Iglesia Católica, en la ciudad de Buenos Aires, donde Massera montó su aparato de torturas y exterminio y en la que Bergoglio encabeza la principal diócesis del país. Uno y otro recibieron de la justicia argentina un trato reverente.”

Las dos notas de 2005 y las seis de 2010 ya no pueden ser leídas desde el sitio de Página/12. Cuando se quiere acceder a ellas se ve una pantalla con la leyenda: “documento no encontrado”.

Un par de semanas atrás, la titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, culpó a Verbitsky por informarla mal sobre Bergoglio. Se congració así con todo el arco kirchnerista, que cruzó al Sumo Pontífice aún después de que fuera elegido Papa y luego debió girar en U cuando la propia Cristina Kirchner se volvió devota del líder de la Iglesia Católica.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Feliz Día del Militante

Carta de Juan Domingo Perón a los militantes peronistas antes de su retorno del exilio en 1972

16 de noviembre de 1972

Compañeros peronistas: Pocos podrán imaginar la profunda emoción que
embarga a mi alma, ante la satisfacción de volver a ver de cerca a tantos
compañeros de los viejos tiempos, como a tantos compañeros nuevos, esa
juventud maravillosa que, tomando nuestras banderas para bien de la
patria, están decididos a llevarlas al triunfo.
También como en los viejos tiempos, quiero pedir a todos los compañeros
de antes y de ahora, que dando el mejor ejemplo de cordura y madurez
política, nos mantengamos todos dentro del mayor orden y tranquilidad. Mi
misión es de paz y no de guerra. Vuelvo al país después de 18 años de
exilio, producto de un revanchismo que no ha hecho sino perjudicar
gravemente a la Nación. No seamos nosotros colaboradores de tan fatídica
inspiración.


Nunca hemos sido tan fuertes. En consecuencia, ha llegado la hora de
emplear la inteligencia y la tolerancia, porque el que se siente fuerte, suele
estar propicio a prescindir de la prudencia.


El pueblo puede perdonar porque en él es innata la grandeza.
Los hombres no solemos estar siempre a su altura moral, pero hay
circunstancias en que el buen sentido ha de imponerse. La vida es lucha,
renunciar a ésta es renunciar a la vida, pero, en momentos como los que en
nuestra Patria se viven, esa lucha ha de realizarse dentro de una prudente
realidad.

Agotemos primero los módulos pacíficos, que para la violencia siempre hay
tiempo. Desde que todos somos argentinos, tratemos de arreglar nuestros
pleitos en familia porque si no, serán los de afuera los beneficiarios.
Que seamos nosotros, los peronistas, los que sepamos dar el mejor ejemplo
de cordura. Hasta pronto y un gran abrazo para todos.

Juan Domingo Perón

jueves, 30 de octubre de 2014

Perón y Evita

¿De dónde viene el peronismo? ¿Cuál es el origen de este movimiento que ha vencido tiempo, persecución, proscripción y muerte? ¿De dónde parte semejante fuego que ha encendido corazones durante décadas y sigue ocupando los primeros planos de la realidad nacional? El peronismo es un movimiento que parte del amor de un hombre y una mujer: del amor del General Juan Domingo Perón y Eva Duarte, una historia de amor, lucha y vida que cambió el rumbo de Argentina. No fueron solo una pareja que llegó al poder, no fue Eva solo la primera dama, figura de porcelana junto a un hombre Presidente; fueron una sola persona en su lucha por hacer de Argentina un país grande y libre. Desde el inicio de su relación hasta el final trágico marcado por la muerte de Evita, ese amor estuvo lleno de entrega por el pueblo, de luchas compartidas y ansias invencibles por darle a los más desposeídos lo que nunca antes habían tenido.

El inicio de su amor es lo que Evita misma llamó “el día maravilloso”. Dicho en sus propias palabras: “Todos o casi todos, tenemos en la vida un día maravilloso, para mí, fue el día en que mi vida coincidió con la vida de Perón”. Para Perón, que ya estaba en ese tiempo al mando de la Secretaría de Trabajo y Previsión, la tragedia del terremoto de San Juan sería la ocasión que le permitió conocer a Eva, lo que él mismo describió: “Eva entró en mi vida como el destino”. Evita, una actriz que se abría camino en el mundo del espectáculo, a la que le había costado llegar por ser de origen humilde y considerado hasta ese momento deshonroso, decidió junto a su grupo de teatro ayudar sin reparos a los afectados por la tragedia. Así lo cuenta Perón: “Entre los tantos que en aquellos días pasaron por mi despacho, había una joven dama de aspecto frágil, pero de voz resuelta, con los cabellos rubios y largos cayéndole a la espalda, los ojos encendidos como por la fiebre. Dijo llamarse Eva Duarte, ser una actriz de teatro y de la radio y querer concurrir, a toda costa, a la obra de socorro para la infeliz población de San Juan…” Yo la miraba y sentía que sus palabras me conquistaban; estaba casi subyugado por el calor de su voz y de su mirada. Eva estaba pálida, pero mientras hablaba su rostro se encendía. Tenía las manos escuálidas y los dedos ahusados; era un manojo de nervios. Discutimos largo rato. Era la época en que en mí se abría camino la idea de dar vida a un movimiento político que transformase radicalmente la vida de la Argentina”.

El General Perón vio la fuerza y el empeño de aquella joven y decidió hacerla su colaboradora en la Secretaría. Ella fue la que movilizó al pueblo, la que convenció a los trabajadores y los convocó a la plaza el 17 de octubre de 1945 en la defensa no solo de Perón sino también de todos los derechos que habían conseguido con él. Desde ese día Evita y Perón serían una sola persona en la lucha por cambiar la vida de Argentina. Pensaban con el mismo cerebro, sentían con el mismo corazón, vivieron una comunión de ideas y sentimientos. Se casaron el 22 de octubre de 1945. La campaña electoral los encontró juntos recorriendo el país en tren, trabajando día y noche. El mismo Perón contaría que pasaron semanas sin verse, lo que hacía que cada encuentro sentimental sea una novedad, una sorpresa. Perón asumió como Presidente el 4 de junio de 1946. El General escribió que los primeros seis meses después serían los únicos que pasarían tranquilos. Sin embargo, rápidamente se trasladarían a la villa presidencial porque muchísimas personas irían a visitarlos y a pedirle ayuda a Evita. Eva se instaló en el Ministerio del Trabajo, luego nacería la Fundación Eva Perón. Los primeros fondos saldrían del mismo sueldo de Perón. A partir de allí, Eva se dedicaría por completo a la Fundación. Perón y Eva se verían raramente y de pasadita, como si vivieran en ciudades distintas. Evita volvía al amanecer a su casa y se encontraba usualmente a Perón que salía a esa misma hora. El General preocupado le pedía que no trabaje tanto: “Eva, descansa y piensa que también eres mi mujer”. Eva le respondió: “Es justamente así como me doy cuenta de que soy tu mujer”.



Pero sobrevino la enfermedad, sus fuerzas físicas se fueron acabando. El 1 de mayo de 1952 habló por última vez desde un balcón de la Casa Rosada, al terminar se desvaneció en los brazos de Perón. Los últimos momentos de Eva y Perón son conmovedores, tanto que merecen ser conocidos como los relata el General: “El día antes de morir me mandó a llamar y quiso permanecer sola conmigo. Me senté a la orilla de la cama y ella hizo un esfuerzo para incorporarse; su respiración era ya un estertor agónico. ‘No me queda ya mucho que vivir’, dijo balbuceando las palabras. ‘Te agradezco cuanto has hecho por mí. Te pido una sola cosa…’. La palabra murió en sus labios blancos y finos; su frente estaba perlada de sudor. Volvió a hablar en tono más bajo; su voz era apenas un susurro… ‘No abandones a la gente pobre… Es la única que sabe ser fiel…’. Ya era avanzada la tarde; por la ventana entraban las primeras sombras. Un viento implacable mecía furiosamente los árboles. El cielo tenía el color de un sudario y amenazaba lluvia. Durante la noche, Evita tuvo un colapso y entró en coma. En la alcoba estaban conmigo su madre, su hermana, su confesor, el padre Benítez, y los médicos que la asistían, el profesor Finochietto y los doctores Tacchini y Taiana; afuera llovía como un diluvio. Antes de expirar, Eva me había recomendado no dejarla enterrar; quería ser embalsamada”. Evita murió el 26 de julio de 1952 y Perón cumplió su deseo de embalsamarla.


El cuerpo de Evita fue robado por la dictadura militar que gobernó entre 1955 a 1958 y permaneció desaparecido durante muchos años. Perón debió exiliarse, viviría la angustia de semejante aberración: “De nosotros dos, acaso solamente Evita es feliz. Aunque muerta y sin paz, Eva se ha quedado en su tierra; yo estoy lejos de ella y solamente me es dado vivir de esperanzas, de angustias y recuerdos”. El cadáver de Evita sería devuelto a Perón durante su exilio en Madrid. Perón falleció el 1 de julio de 1974. Creo que en la eternidad Perón y Evita están juntos, juntas sus almas como estuvieron en vida, aunque sus cuerpos descansen distanciados. Perón y Evita fueron un amor que cambió la Historia de Argentina, que le dio dignidad a los más desposeídos, que cambió para siempre la vida de muchas personas, una pareja que fue más allá de intereses políticos, de afán de poder, ambos dieron sus vidas, sus fuerzas e incluso su relación de amor en pos de luchar por una Patria más justa. Yo creo firmemente que Evita y Perón están juntos, felices, como diría el General: “Yo he sido con esta mujer, mucho más feliz de lo que todo el mundo cree”. -

sábado, 24 de mayo de 2014

Gracias Argentina


Llegué hace 8 años y meses a la Argentina con lo que tenía puesto y el corazón lleno de sueños, nunca imaginé que mi vida cambiaría tanto. ¡Cuánto me ha dado Argentina! ¡Cuánto me ha enseñado!
En Argentina conocí el amor y conocí a Perón,que creo que son lo mismo.En Argentina me hice mujer: un movimiento irreversible.
A la semana de llegar al país salí en la televisión ja! un anticipo de lo que sería mi vida posterior.
Paseé vestida de blanco y desbordando felicidad. Supe lo que es una libreta de estudiante y un centro de estudiantes. Supe que mi Perú es grande, sólo que tan acostumbrada no lo había podido notar. Supe que somos los argentinos y los peruanos muy hermanos desde Malvinas. Aprendí un montón de tipos de quesos y de fideos, casi tantas clases como de papa hay en Perú. Aprendí diferentes nombres para las cosas: batata para el camote, marcadores para los plumones,entre otros. Sentí, aunque adoptiva, la emoción de vivir un mundial de fútbol. Conocí el frío,que no existe en mi Piura natal. Aprendí a vivir en una ciudad sin mar. Me acostumbré al paisaje lleno de sierras.Aprendí que existe la caradurez de despreciar a quienes venimos de otro país,justamente de aquellos que provienen de inmigrantes: el día de la inmigración descontrolada nació mi twitter. Un día un amigo me habló de un General que tenía una esposa actriz que crearon un movimiento que cambió el país y me enamoré. Aprendí diferentes sentidos de la palabra "militar". Esa bella señora se convirtió en mi bandera,la segunda voz femenina que reconozco a lo lejos,obvio,después de la de mi mamá.

Dejé de ser sólo Katy,para ser "la Princesa Inca". Me sorprendo cada día de quienes sienten agrado por lo que escribo,total gratitud para ellos.

Un día un hijo de Perón me dijo: Hola,sos la Princesa Inca? ...y nuevamente cambió mi vida. Aprendí que me gusta la libertad y que los radicales nunca terminan los mandatos jajaja.


Tres entrevistas de radio, unos cuantos miles de seguidores en twitter, algunos que leen esto que escribo,mi corazón abierto para ustedes les dice: Gracias! Gracias Argentina por ser la tierra de mis sueños! a todos ustedes por no dejarme sentir sola,por hacerme sentir parte de ustedes, porque en 8 años nunca me sentí extranjera.
Hoy, enfrento nuevos desafíos,sin miedo,nuevos rumbos: te veo venir felicidad!

Bendita tierra de San Martín,Perón y Evita: GRACIAS!

viernes, 23 de mayo de 2014

Muhammad Ali con Rucci

Lo encontré en un tweet del compañero Aníbal Rucci. Para compartir \P/

Durante una fúgaz visita a Buenos Aires en los tempranos setentas, Muhammad Ali comió un asado en las entrañas de la Patria Metalúrgica.


En 1971 Cassius Clay era tal vez el deportista más conocido de la tierra. Pero al mismo tiempo, al igual que el General Perón, era un desposeído, un proscripto, un desocupado. En 1967 había sido despojado del título mundial de los pesos completos por presiones del Departamento de Estado, ante su negación a incorporarse a las Fuerzas Armadas para combatir en Vietnam, alegando ser musulman y por lo tanto objetor de conciencia. El hombre cruzó el Jordán (había nacido en el seno de una familia metodista) después de establecer contacto con la secta de Los Hermanos Musulmanes, organización político-religiosa que abrazaba la causa del Islam. En homenaje a su maestro, Elijah Muhammad, Clay cambió su nombre anglosajón por el de Muhammad Ali.

Con ese nombre se registró en el Alvear Palace Hotel de Buenos Aires, en los primeros días de noviembre de 1971. Venía a la Argentina de Lanusse en plan hacerse unos mangos, una especie de gira promocional relámpago que lo tuvo entre nosotros durante 42 horas. Participó en el programa televisivo Los 12 del Signo conducido por el astrólogo Horangel. En la galería Velázquez de la calle Maipú, compró pinturas con motivos españoles para adornar el patio de su casa. Visitó el Centro Islámico de la calle San Juan, donde fue obsequiado con un artístico Corán y un pergamino. “Estoy entre mis hermanos”, comentó, “y lamento no poder quedarme a rezar, pero se me hace tarde”. El motivo central de su viaje era una pelea de exhibición frente al argentino Miguel Ángel Páez, en la cancha de Atlanta. El combate se desarrolló normalmente pero fuera del ring – según El Gráfico del 9 de noviembre – “sucedieron cosas desagradables que hicieron temer lo peor”. Grupos incontrolados rompieron los alambrados de la cancha, invadieron el lugar reservado al ring-side y cometieron desmanes. Cuando finalizó la exhibición subieron al cuadrilátero e impidieron por largo rato que los boxeadores se retiraran. Hubo destrozo de sillas y varios heridos. A duras penas Alí, pudo regresar al vestuario.

Luego de la pelea, invitado por el industrial peronista Lorenzo Spadone, Alí se trasladó hasta los fondos de una fábrica en Lanús para comerse un asado. Allí lo esperaban en el “Quincho de la Cordialidad” José Rucci, secretario general de la CGT; Lorenzo Miguel, secretario general de la UOM; Carlos Spadone, director de la revista Las Bases, órgano oficial del Movimiento Nacional Justicialista entre otros encumbrados ases de la derecha peronista. Lorenzo le habló del regreso de Perón y de la Tercera Posición. Rucci anunció la creación del Sindicato del Boxeador. Alí lo abrazó emocionado y le agradeció: “Eso no existe en ninguna parte del mundo”. “El peronismo tampoco” retrucó José Ignacio. Spadone ensayó una forzada y deslucida metáfora: “El peronismo es como Muhammad Ali, vuela como una mariposa y pica como una avispa”

Al día siguiente El Negro emprendió el regreso. Al igual que al peronismo, intensos temblores lo esperaban en el porvenir.

sábado, 17 de mayo de 2014

Mi Día Maravilloso

En todas las vidas hay un momento que parece definitivo. Es el día en que una cree que ha empezado a recorrer un camino monótono, sin altibajos, sin recodos, sin paisajes nuevos. Una cree que, desde ese momento en adelante, toda la vida ha de hacer ya siempre las mismas cosas, ha de cumplir las mismas actividades cotidianas, y que el rumbo del camino está en cierto modo tomado definitivamente. Eso, más o menos, me sucedió en aquel momento de mi vida. Dije que me había resignado a ser víctima. Más aún: me había resignada a vivir una vida común, monótona, que me parecía estéril pero que consideraba inevitable. Y no veía ninguna esperanza de salir de ella. Por otra parte, aquella vida mía, agitada dentro de su monotonía, no me daba tiempo para nada. Pero, en el fondo de mi alma, no podía resignarme a que aquello fuese definitivo.

Por fin llegó "mi día maravilloso". Todos, o casi todos, tenemos en la vida un "día maravilloso". Para mí, fue el día en que mi vida coincidió con la vida de Perón. El encuentro me ha dejado en mi corazón una estampa indeleble; y no puedo dejar de pintarla porque ella señala el comienzo de mi verdadera vida. Ahora sé que los hombres se clasifican en dos grupos: uno, grande, infinitamente numeroso, es el de los que afanan por las cosas vulgares y comunes; y que no se mueven sino por caminos conocidos que otros ya han recorrido. Se conforman con alcanzar un éxito. El otro grupo, pequeño, muy pequeño, es el de los hombres que conceden un valor extraordinario a todo aquello que es necesario hacer. Estos no se conforman sino con la gloria.

Aspiran ya el aire del siglo siguiente, que ha de cantar sus glorias y viven casi en la eternidad. Hombres para quienes un camino nuevo ejerce siempre una atracción irresistible. Para Alejandro fue el camino de Persia, para Colón el camino de las Indias, para Napoleón el que conducía al imperio del mundo, para San Martín el camino llevaba a la libertad de América. A esta clase de hombres pertenecía el hombre que yo encontré. En mi país lo que estaba por hacer era nada menos que una revolución. Cuando la "cosa por hacer" es una revolución, entonces el grupo de hombres capaces de recorrer ese camino hasta el fin se reduce a veces al extremo de desaparecer.


Muchas revoluciones han sido iniciadas aquí y en todos los países del mundo. Pero una revolución es siempre un camino nuevo cuyo recorrido es difícil y no está hecho sino para quienes sienten la atracción irresistible de las empresas arriesgadas. Por eso fracasaron y fracasan todos los días revoluciones deseadas por el pueblo y aún realizadas con su apoyo total. Cuando la segunda guerra mundial aflojó un poco la influencia de los imperialismos que protegían a la oligarquía entronizada en el gobierno de nuestro país, un grupo de hombres decidió hacer la revolución que el pueblo deseaba. Aquel grupo de hombres intentaba, pues, el camino nuevo; pero después de los primeros encuentros con la dura realidad de las dificultades... y "la Revolución" fue quedando poco a poco en medio de la calle, en el aire del país, en la esperanza del pueblo como algo que todavía era necesario realizar. Sin embargo, entre los gestores de aquel movimiento, un hombre insistía en avanzar por el camino difícil. Yo lo vi aparecer, desde el mirador de mi vieja inquietud interior. Era evidentemente distinto de todos los demás. Otros gritaban "fuego" y mandaban avanzar. Él gritaba "fuego" y avanzaba él mismo, decidido y tenaz en una sola dirección, sin titubear ante ningún obstáculo. En aquel momento sentí que un grito y su camino eran mi propio grito y mi propio camino. Me puse a su lado. Quizás ello le llamó la atención y cuando pudo escucharme, atiné a decirle con mi mejor palabra: Si es, como usted dice, la causa del pueblo su propia causa, por muy lejos que haya que ir en el sacrificio no dejaré de estar a su lado, hasta desfallecer. Él aceptó mi ofrecimiento. Aquél fue "mi día maravilloso".

Evita Perón.